Oswaldo Vizcarrondo, a los 25 minutos del primer tiempo fue el autor del único tanto del encuentro a los 25 minutos del primer tiempo tras impactar un frentazo en el área superando la marca de los dos centrales de la defensa boliviana y la salida del portero Carlos Arias.
Venezuela controló el partido en los dos periodos y dejó crecer a Bolivia sólo a momentos, aunque casi nunca pasó por apuros, porque el equipo visitante apostó a un solo delantero, abandonado a su suerte, escasamente asistido por Pablo Escobar que volvió a jugar mal, mientras los volantes casi siempre perdieron en el duelo frente a los llaneros.
Tampoco González, el más hábil de Venezuela y Arango estuvieron en una jornada inspirada, tal vez preocupados más por el lucimiento personal y Maldonado tuvo escasas opciones ofensivas. Lo mejor de Venezuela estuvo en la marca, impecable en el juego aéreo y con claridad en las salidas.
Bolivia tuvo un par de opciones en el primer cuarto de hora a través de Martins y Cardozo y luego se perdió entre las imprecisiones. Apuró el juego en los 10 últimos minutos, cuando puede más las ganas que la razón y se encontró con los espacios cerrados. Un remate de tiro libre de Campos fue lo más destacado del equipo boliviano.
La Selección cierra el 2011 con un puntos en cuatro partidos, producciones magras y un técnico que no ha logrado cumplir el principal propósito que es el de realizar un proceso con el equipo, porque desde que empezó su faena hasta el final de estación en este encuentro con Venezuela no parece haber avanzado nada.
La Federación tiene hasta junio el tiempo suficiente para replantear el recorrido, fijar los tiempos de trabajo y buscar enmendar lo que hasta el momento es malo, porque terminamos el año en el último lugar en la tabla con actuaciones poco convincentes y resultados repetitivos que marcan el desencanto de una hinchada que pide hechos más que palabras.
Cuenta el presente y no podemos ponernos una venda en los ojos. Somos la nueva cenicienta del fútbol sudamericano, hemos perdido la jerarquía de hacernos respetar en casa, nos tiemblan las piernas cuando jugamos en feudo ajeno y sólo nos queda replantear lo que hacemos y cómo lo hacemos.
Ernesto Murillo Estrada
Fuente: Erbol


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